lunes, 13 de julio de 2015

Tacos por la Narvarte: El Vilsito

Tomando como excusa un tarde en que las tormentas veraniegas dieron una pequeña tregua a los chilangos, aproveché para irme a la Colonia Narvarte, una zona chingona y repleta de taquerías: Tacos Manolo, Tacos Los Pericos, Tacos El Vilsito... En las zonas "cool" de México DF se echan de menos una taquería auténtica, con sillas de plástico, gente alrededor del taquero y tacos baratos. 


Había escuchado la mítica historia de Tacos El Vilsito, "la taquería que está dentro de un taller mecánico"... Bueno, pues tampoco es para tanto, el local de tacos está al lado del taller pero totalmente separado. Quizás antes fuera diferente...Tampoco es que tengas los trapos con grasa en la barra, ni las herramientas al lado del trompo de pastor. Muy al contrario se trata de una taquería muy profesional, repleta de gente en la que los taqueros no paran de despachar ordentes.




Para hablar de tacos al pastor estamos en el lugar indicado, tres trompos de pastor se distribuyen alrededor del lugar y los taqueros se desviven por atender la demanda de los clientes que se agolpan alrededor para disfrutar del espectáculo. No hay nada más hipnótico que un taquero repartiendo tacos pastor con maestría. El taco pastor nació para comerse de pie, al lado del taquero, observando el hipnótico espectáculo del trompo girando una y otra vez. Y Mientras aguantas el plato con una mano, el taco con la otra, la chela con dos dedos y la servilleta a punto de salir volando por el viento todavía hay tiempo para pedir "tres más de pastor, carnal".

Y es que el taco pastor es la estrella de la taquería El Vilsito, me gustó especialmente el acabado en llama alta que le dan un toque crujiente, esa maravillosa reacción de Maillard que a todos gusta. ¿Con todo patrón? Claro que sí... y también con piña, con su refrescante acidez. Una combinación imbatible.










miércoles, 10 de junio de 2015

Sabores asiáticos en el artículo 123

El centro de la Ciudad de México es una de las zonas más interesantes y auténticas de la ciudad. Aquí no encontrarás elegantes restaurantes con valet parking, eclécticas terrazas donde tomar un gin&tonic, ni fresitas fumando a la entrada. El centro del DF es sabor y autenticidad.

El centro está repleto de buenas cantinas como las de la calle Bolivar o la República de Cuba, ideales para tomar unos tragos con los cuates y pasar una tarde lluviosa. Sin embargo, poco a poco surgen nuevas propuestas en la zona, una de las que más sorprenden es la de "El 123", en la calle Artículo 123 y número 123.

El restaurante 123 es un local de dos plantas, bien decorado donde disfrutar de platos diferentes. Su cocina asiática se asienta en el uso de tallarines, arroz, leche de coco, curry, brotes... platos sencillos pero llenos de sabor. Una buena opción será acompañar la comida con sus refrescantes aguas endulzadas con jarabe a base de miel, nuestras preferidas son las de limón, melocotón y maracuyá.



Kakuni de cerdo

En cuanto al menú, amplia variedad de platillos con precios muy amables que pocas veces superan los 100 mxn (!!!) y que según el plato viene acompañado de sabrosas sopas. Mis platos favoritos fueron el Kakuni con cerdo cocinado lentamente gracias a lo cual tiene una textura muy tierna y el Pad Kee Mao tallarines con verduras con un agradable picante que a ratos te hace sudar.

Pad Kee Mao
El pad tai al que le añadí el extra de camarón (+20 mxn) se quedó algo corto de sabor a pesar de ser agradable por los toque cítricos. El picante que anunciaba el menú no acabó de sentirse.


Pad Tai con camarón


Su cuidada decoración está tan bien integrada que da la equivocada impresión de que nadie se preocupó demasiado en ella, hasta que la observas más detenidamente. Toques vintage, mesas desgastadas, originales focos. Por suerte, obviaron el servir las aguas en botes de mermelada, probablemente hubiera sido excesivo.


Sin duda el restaurante 123 lo tiene todo para convertirse en un templo hipster y que las filas comiencen a formarse en el exterior, como ya les ocurrió a sus dueños con el Mog. De momento, es un lugar agradable, con un servicio simpático y atento donde ir a comer y charlar con los amigos. 

Dense prisa, hipsters are coming!!!





lunes, 25 de mayo de 2015

Restaurante Almoraduz: made in Puerto Escondido

Mis tiempos de ir en sandalias y sin camiseta por la Punta Zicatela estaban a punto de acabarse. Tras unos días intentando aprender algo de surf y comiendo cocinado buenas raciones de pescado y camarones, lo único que había probado eran las ricas tlayudas del local de la esquina. 



A pesar de la pereza, no podía dejar pasar la ocasión de conocer algún restaurante de Puerto Escondido. Así que con el único par de pantalones cortos que no estaba demasiado sucio tome un taxi y fui hacia el Restaurante Almoraduz en la zona de la Rinconada de Puerto Escondido.

Restaurante Almoraduz
Boulevar Benito Juarez. 
Zona de la Rinconada. Puerto Escondido.

El restaurante Almoraduz está situado en un local muy agradable, abierto y con mesas y sillas de madera. La decoración es sencilla, la iluminación correcta y el volumen del música permite una tranquila conversación. ¿Acaso hace falta recurrir a diseños extrafalarios o darle protagonismo a la selección musical? No lo creo. 

Me decidí por el menú degustación que constaba de 4 tiempos y tenía un precio de 390 pesos. Para beber, Schula, una cerveza oscura oaxaqueña con toques de café y chocolate.

Inicié con unos esquites cortesía de la casa, estos detalles son importante, algo que tiene un pequeño coste para el restaurante pero el cliente agradece y hace las funciones de entretenimiento mientras se inicia el menú.



El primer plato fue el pulpo enchilado, unos de mis productos favoritos, el pulpo venía presentado con sala de chipotle y crema con limón, había un buen contraste entre el ácido y el picante. No soy el mayor fan de este tipo de cremas y quizás le falto un punto crujiente al plato, sin embargo la cocción del pulpo estaba perfecta, como se iría repitiendo en el resto de platos de la noche.



El huarache de arrachera me sorprendió por lo tierna que era la carne, que probablemente hubiera sido marinada para conseguir esa ternura. El punto de cocción también ayudaba, esto no es una taquería donde se pasa una y otra vez la carne por la plancha, se notaba que se había cuidado el grado de cocción. Creo que este plato podría servirse en un restaurante top de cocina moderna moderna, de esos de a 1,000 baros el menú, añadiéndole algún detalle en la presentación.



Estaba dándole vueltas al nivel de comida que estaba probando, lo que podría costar en el DF y cómo era posible que este restaurante no fuera algo más conocido, cuando llegó una tostada de un tamaño considerable. La tostada era de camarones e iba acompañada de chipotle, cebollitas tiernas y verdolagas. De nuevo un plato bien combinado, punto de picante, el tostado de la cebolla cambray, unos sabrosos camarones y el crujiente de la tosta. Parecía que no pudiera haber fallo en el menú.



Llegamos al plato principal, se trataba de un generoso trozo de pargo con mole verde dispuesto sobre quinoa. El pargo estaba impresionante, un punto de cocción exquisito, ese punto que cuando lo vas a cortar con el tenedor hace que se deslicen las láminas del pescado.



Y como postre un poco de repostería clásica con un volcan de chocolate acompañado de una paleta de leche quemada y frutas del bosque. Esa leche quemada a mi me recordó mucho a la leche merengada española que hacía mi abuela por la canela y la textura.



Resultado, una cena y experiencia excelente. El Almoraduz se trata de un restaurante que todo el mundo debe probar si pasa por Puerto Escondido, un auténtico must. Buen servicio y unos platos a través de los que se disfruta del buen producto de la zona.

El único punto que me choca de la propuesta del Almoraduz es su nombre "Almoraduz. Cocina de Autor" hasta plasmado en las servilletas, la referencia a la cocina de autor, si no recuerdo mal. Creo que esta denominación es incorrecta, la cocina que yo vi fue una cocina de mercado y producto con ciertos toques personales del chef, pero no de autor. No por esto se trata de una propuesta menos interesante que cualquier cocina de autor que haya probado en México. Al contrario, la honestidad de los platillos y la sencillez de una propuesta que ofrece sabor y respeto por el producto, es lo que hace grande al restaurante Almoraduz.

Si lo que buscas es buen producto, en Almoraduz lo tienen. Producto "made in Puerto Escondido".

miércoles, 20 de mayo de 2015

Nos vemos en Puerto Escondido

Los largos trayectos en camión o autobús en México se han hecho algo habitual en mis viajes, es increíble como ha cambiado mi percepción de las distancias. Hace unos años un viaje de 3 horas me parecía una eternidad y ahora ni pestañeo por viajar 12 horas en camión hasta las costas del Pacífico. Resulta mágico subirse por la noche al bus en el DFy despertar 8 horas más tarde, observando los primeros rayos de sol en un paisaje salpicado de palmeras, cultivos frutales (aguacate, papaya, mango...) y diminutos pueblos que, más allá de las grandes ciudades del país, definen la identidad de México.


Llegando a Puerto Escondido
Al bajar del autobús en Puerto Escondido, enseguida me atacó el calor pegajoso de la costa así que pensé en refugiarme en el mercado, desayunar una buena tlayuda para celebrar mi regreso a Oaxaca y comprar algunos víveres para mi estancia en Punta Zicatela.

Deambulando por los pasillos del Mercado de Puerto Escondido pude ver la carne de res secándose en las carnicerías, los fresquísimos ejemplares de huachinango y las relucientes piezas de fruta. Sin duda, no faltaría buen producto con el que alimentarme. Antes que cargarme con más bultos fui a por mi desayuno oaxaqueño.


Tlayudas en el Mercado de Puerto Escondido
Las tlayudas son típicas de Oaxaca, consisten en una especie de tortilla gigante y crujiente (debido a su paso por el horno) que va aderezada con lo siguiente: una pequeña dosis de "asiento" (grasa), masa de frijoles, carne al gusto (bistec, chorizo, tasajo, etc.) , queso del tipo "Oaxaca" y lechuga. 




Tras mi merecida tlayuda de tasajo, (carne de res) comencé con las compras en uno de los puestos de pescado. Había un huachinango que tenía unos ojos brillantes de esos que prometen frescura y me llevé un par de filetes, también una buena ración de camarones que ayudarían a la hora del aperitivo y además me servirían para otra receta que tenía en mente: una sopa de pescado que solía hacer mi madre y quería replicar a mi manera.


Fresco, fresco... de puerto mar
En los puestos de fruta compré platanos y mangos que me servirían para desayunar. Y con eso y unos huaraches (o sandalias) nuevos estaba en marcha para ir a Punta Zicatela donde no resulta tan sencillo, ni barato, encontrar ciertos productos.





Una vez bien cargado ya podía dirigirme hacía Punta Zicatela, un pequeño pueblo que se ha convertido en uno de mis lugares favoritos de México. "La Punta" se trata de un pequeño pueblo con calles de arena, pequeñas casas de mexicanos, tres hostales donde los jovenes viajeros se alojan y una ola de izquierdas que mantiene muy entretenidos a los surfers de todo el mundo que se concentran en este pequeño paraíso... 

Suena prometedor, ¿verdad?


Las calles en Punta Zicatela acaban en el mar

viernes, 8 de mayo de 2015

Isla Mujeres: cervezas frias y tapas gratis

Con unos cuantos días de viaje a nuestras espaldas llegamos a Isla Mujeres, para descansar un poco en aguas del Caribe y conocer que sorpresas nos deparaba está isla de nombre prometedor.


¿Quién dice yo?
Isla Mujeres, ofrece pequeñas playas y unas pocas calles con locales de souvenirs, bares y taquerías sin muchas pretensiones. En medio de esta mezcla se encuentra el Bar Heminghway, una casa de madera que parece salida de aquella mítica serie noventera Tropical Heat. En Bar Heminghway se reúnen los sedientos lugareños de Isla Mujeres, tanto mexicanos como gringos que han hecho de este trozo de tierra su hogar para huir de sus frías tierras.


Everybody happy in Isla Mujeres

El funcionamiento de este bar tan auténtico es sencillo, por cada bebida te corresponde un pequeña porción de comida, básicamente con las tapas de España (en ciertas ciudades). Estos platillos gratuitos suelen ser preparaciones de cocina local, sencilla pero llena de sabor: cebiche, arroz, calamares, etc.



Buenos precios por la bebida y comida gratis en Isla Mujeres. Bebida, comida, mujeres... ahora sabéis por qué se llama Heminghway, verdad?

domingo, 19 de abril de 2015

Tatau Bistro: una barra canalla

Al pasar por la calle San Lorenzo de Huesca vemos a través de la amplia cristalera del Tatau Bistró nos invita a entrar, a través de ella vemos un bar que se estructura a lo largo de su barra. Si pasaramos rápido quizás nos parecería un bar cualquiera, sin embargo, al entrar vemos los detalles. Skates en las paredes, camareras pinup y gorros de chef moviéndose al fondo de la barra. Esto no es una bareto cualquiera...



Como hábiles zagueros entrenados en festivales de música, garitos de éxito y fiestas de pueblo, nos movimos a lo largo del local y en seguida pudimos conseguir un sitio. Eran las 13h de un viernes, al parecer los fines de semana la tarea se vuelve más complicada.

Echando un vistazo rápido y nos guiamos por la recomendación de la camarera -buen servicio: ágiles y atentos- y pedimos unas sardinas en escabeche que resulto un acierto. La ensaladilla rusa otra recomendación, en esta caso, de un amigo de certera puntería.

Las sardinas en escabeche (5,50 eur) me encantaron, el toque de pimentón y la combinación de las verduras excelente. Si volviera hoy las pediría de nuevo.

La ensaladilla rusa sabrosísima (3,90 eur), el toque de ibérico excelente como no podía ser de otra manera, la corona de aceite me dio un poco de mala espina, pero era eso, solo un hilo que ayuda a darle un toque diferente a la ensaladilla.

Ensaladilla rusa y sardinas en escabeche
Todo acompañado de una mahou bien tirada, de las que dejan anillitos de espuma. Muy bien!!!

Está claro que para triunfar no hay que sacar el nitro, de la misma manera que con el nitro no está asegurado triunfar. Lo que hace falta es atención por los detalles, desde los ganchos en la barra para las bolsas hasta el rollito pinup de las camareras o el diseño molón, pasando por el ibérico de la ensalada y la brunoise de las verduras del escabeche. 

Está claro que en el Tatau saben lo que hacen.


domingo, 12 de abril de 2015

Restaurante Paxia: colores sin sabores

A unos días de viajar fuera de México por unas semanas me pregunté qué restaurante querría probar si no fuera volver a la ciudad y a mí cabeza vino el Restaurante Paxía de Daniel Ovadia, mitad chef y mitad empresario, Daniel Ovadía me cautivo con su presentación en Mesamérica 2014 que tuve la suerte de seguir y degustar desde el escenario.


El restaurante Paxia se encuentra situado en San Angel y su nombre, "paz" en nahuatl, hace referencia a la Avenida de la Paz donde se encuentra situado el Restaurante. Un local amplísimo, con techos altos, mesas con amplia separación entre ellas y ambientado en tonos oscuros. Todo un local, si señor.

La propuesta del chef Daniel Ovadia está centrada en el producto mexicano y la reinterpretación de platillos tradicionales que podríamos encontrar bien en un perdido pueblo mexicano, bien en un puesto de comida callejera de Ciudad de México.


El menú de 2015 constaba de 8 platillos y 2 postres, todos ellos con una cuidada presentación. Dentro del punto de vista visual el nivel me pareció alto, pero como decía, algunos de ellos no fueron acompañados por el gusto que finalmente y en cocina, se trata de lo principal.

Como solemos hacer, optamos por el menú degustación para poder conocer completamente la propuesta y el discurso del chef. El menú degustación de Paxia tiene un coste de 880 MXN y constaba de 10 platos, se nos ofreció añadir maridaje por 500 mxn por persona. El maridaje fue en ciertos momentos improvisado, se nos ofrecieron dos vinos de la misma bodega, parece que se estén sacando los restos de la cava. Cuando optó por un maridaje lo hago esperando probar vinos pensados a priori y sin repetir bodegas.

Gordita de huitlacoche, chicharrón prensado, queso canasto, salsa verde y quelites secos. Un plato agradable, buen comienzo.



Aguachile negro de camarón, cascarilla de cacao quemada y coral de huitlacoche. Primer "down" de la noche, un plato realmente ácido que en mi opinión estaba mal equilibrado. He probado diferentes aguachiles y son potentes, acidos y picantes, sin embargo la acidez en este caso estaba por encima de lo tolerable.




Chicharrón de carrito, pato, queso añejo, con en escabeche, salsa de chile de árbol. Un platillo muy visual que sin embargo no iba acompañado de un gran sabor. El merito está en convertir un plato callejero, de los que se pueden encontrar en muchos parques y plaza de México en uno de alta cocina. Sin embargo el sabor no acompañaba a la cuidada presentación.




Tortita ahogada, carnitas de cerdo, caldillo de jitomate y salsa de chile de árbol. Un plato típico de Guadalajara que en esta ocasión se terminaba en la mesa vertiendo la salsa que ahoga a la torta. La carne era sabrosísima y tierna, bien acompañada por la salsa de jitomate con toques ácidos y picantes. Aquí llegaron algunos de los mejores sabores del menú. 




Tostada de lengua, salsa de xonocostle, guacamole, frijoles güeros, camote amarillo.


Taco de pato, tortilla de harina, mango, chile manzano y aceite de tres chiles. Carne jugosa, contraste del pato con el dulzor del mango y agradable el punto del chile.


Pulpo asustado, guiso de tinta a la mexicana, zanahorias, alioli de ajo. A pesar de la original presentación este plato fue una de las grandes decepciones, me encanta el pulpo pero la textura de este era un desastre, seco y duro. Mal plato.


Pozole de trigo, chambarete de cerdo, lechuga escabechada al chipotle. Uno de los platos que más me gustó, aquí encontramos buen sazón.


Sorbete de "lulu" roja, caramelos de frambuesa, pan de rosas. Se trata de un postre emocional, el chef juega con la nostalgia del refresco Lulu que existía en México hace años, el tradicional de la niñez de mucha gente. Al no haber probado ese refresco me pierdo ese punto emocional y me quedo con el sensorial. De nuevo una bonita y colorida presentación, en cuanto a los sabores me resultó muy artificial y dulzón, algo, por otro lado esperado al provenir de un refresco.



Se trata de una comida bastante copiosa y me dejo un postre del cual no tengo foto. Quizás excesiva para algunos, así que aquí no vale la manida excusa de "me quedé con hambre". Terminamos con un té que se prepara mientras tomas el postre de una forma muy original y con unos churros a modo de petit fours.

El servicio, atentos unas veces y otras no tanto. Me sorprendió que en ocasiones iban literalmente corriendo por las escaleras que llevan a la cocina lo cual en un restaurante que debe trasmitir tranquilidad no es lo más apropiado.

No puedo decir que fuera una experiencia positiva, hubo algún plato interesante, sin embargo, nada comparable a lo que me esperaba: "un top de México". No encontré ningún sabor del que me vaya acordar a la larga. Lo que si que hubo fueron varios platos decepcionantes. La cocina moderna es inspiración, adaptación o reinterpretación , asociación... sin embargo, al final el sabor es el que manda y esta vez no lo encontré.